La otra noche pasaron un documental sobre los secuestros más espectaculares de los últimos 100 años. Los más sonados, si mi memoria no me falla, fueron el de la embajada de Estados Unidos en Teherán tras el derrocamiento del Shá, un vuelo de Air France que desviaron a Uganda y el de Inés Betancourt a manos de las FARC. Sin embargo no mencionaron un secuestro más audaz sucedido hace tres años, a mi juicio el más grande que jamás se haya cometido.
Se trata del secuestro del Real Madrid y todo lo que le pertenece- las instalaciones de Chamartín, el Estadio Santiago Bernabéu, el Presidente del club más los accionistas, jugadores, utileros, dueños de peñas madridistas y aficionados merengues de todo el mundo. También perdieron su libertad las finanzas del club y el futuro deportivo a mediano plazo, pues pasarán años antes de que el daño se pueda resarcir.
Fue un secuestro, pues, jugosísimo.
Ahora bien, lo impactante no es el tamaño del botín sino la forma en que el crimen fue cometido.
No hubo comandos al estilo Oceans 11 ni encapuchados con armas de alto poder. Basta decir que el secuestro fue perpetrado por una sola persona que no usó máscara, que dio a conocer su identidad desde el primer día en que se apareció por el club, que es empleado de confianza y encima recibió un sueldo millonario por parte de sus empleadores, también secuestrados por él.
No hubo comandos al estilo Oceans 11 ni encapuchados con armas de alto poder. Basta decir que el secuestro fue perpetrado por una sola persona que no usó máscara, que dio a conocer su identidad desde el primer día en que se apareció por el club, que es empleado de confianza y encima recibió un sueldo millonario por parte de sus empleadores, también secuestrados por él.
A estas alturas ya deben saber cómo sucedió el secuestro y quién es el secuestrador. Lo que todavía no sabemos es si en la conferencia de prensa de hoy Florentino Pérez tendrá el valor de echar al secuestrador de una vez y para siempre, cosa que tendría que haber sucedido el viernes tras la final de la Copa del Rey; o hace algunas semanas cuando perdió contra Borussia en la Champions; o hace dos años y medio cuando Barcelona les ganó el Derby 5-0.
A cualquier otro presidente de Real Madrid le hubieran sobrado motivos para correr a Mourinho y traer a un entrenador a la altura de lo que significa el equipo merengue. Siempre y cuando, y a diferencia del actual presidente madridista, no fuera propenso a sufrir el Síndrome de Estocolmo- relación de complicidad y vínculo afectivo que una persona privada de su libertad desarrolla hacia sus secuestradores.
A lo mejor eso alcanza a explicar por qué Florentino Pérez le puso alfombra roja a uno de los personajes que más daño le han hecho al Real Madrid en las últimas décadas. Cosa que frente millones de madridistas jamás logrará logrará disculparlo.
A lo mejor eso alcanza a explicar por qué Florentino Pérez le puso alfombra roja a uno de los personajes que más daño le han hecho al Real Madrid en las últimas décadas. Cosa que frente millones de madridistas jamás logrará logrará disculparlo.
















