5/8/2014

Los pies en la tierra (Carta abierta a Alan Pulido)


Por: César Torres

Alan Pulido no quiere jugar nuestros sueños.
El joven canterano de mi equipo, Tigres, se niega a jugar en México ante la posible llamada del Olimpyakos de Grecia, liga sumamente competitiva en la que encontrará sin duda, retos más grandes que los que puede encontrar en México.

Mamadas, Alan.
No puedes despreciar un contrato, una afición, un conjunto de jugadores que te ayudaron a poder estar en la posición en la que te encuentras, porque, si más no recuerdo, Tigres siempre alineó con una plantilla completa, no eras tú el único aunque desde la grada sólo escucharas "eres el ÚNICO, Alan", quizá gritado aún más fuerte por tu representante, uno de esos hombres que venden ilusiones a jóvenes que cómo tú, empiezan a despuntar.

Me cuentan amigos de mi ciudad que hace poco mandaste cerrar una tienda para poder hacer tus compras sin que nadie te molestara...quién eres? Ballotelli? CR7?...vato, eres de Reynosa, Tamaulipas! no mames.

Ahora también dicen que tienes una línea de ropa...si, eres el Versace del futbol mexicano, multitalentoso jugador que marca una tendencia y que todos quieren imitar, si, tú que llevas tus tachones en una bolsa Louis Vuitton y que anda con una "payasita" de la televisión regiomontana.

Creo que eres el único de los que fueron al Mundial que no jugó en la primera fecha, si, tú que no jugaste ni un sólo minuto, te negaste a jugar contra el Atlas, Jiménez, Oribe, Rafa, profesionales de verdad, jugaron, pero sobre todo, el nuevo contención de Tigres, Egidio Arévalo se partió la madre contra Atlas y él jugó todos los minutos con Uruguay y fue el mejor de ellos, de una Selección en la que juega Cavani, Suárez y Forlán!

Patético el que te quieras ir de esa forma, tirando tuits, pidiendo apoyo de que te dejen vivir tu sueño, cuando ya estás viviendo el sueño de muchos, cuando deberías salir de tu club, por la puerta grande, no por la de servicio.

Recuerda al Tecatito, a Espericueta, a Efraín, a Pablo y a todos los que se fueron por necedades a Europa sólo por decir que jugaron en Europa y después regresarán a uno de los "4 Grandes" si bien les va, luego irán bajando de equipo y se perderán en la Primera A.

Ojalá te vayas Alan, porque si en esta temporada no brillas, no va a haber otra.
Y sí, estoy más enojado contigo que con el Tuca.

12/7/2014

Experiencia requerida




Por: Emiliano La Pointe Pineda
A pesar de ser considerado como uno de los centrales más seguros del fútbol actual, Thiago Emiliano Da Silva evidenció, con aquel bloqueo absurdo sobre el portero colombiano, su novatez en el campeonato más importante a nivel selección.
Su intento por emular las proezas de Daniel Pasarella y Didier Deschamps, de 1978 y 1998 respectivamente, no fructificó. Pareciera que al defensa estelar le habría bastado con saberse anfitrión, como lo fueron los otros dos, para confiar en que también terminaría siendo campeón del certamen.
Pero entonces Silva habría olvidado que el peso del capitán Pasarella no fue tan relevante como el del general Videla en la obtención del primer título de la albisceleste; así como que en realidad Deschamps era un viejo lobo de mar, cuyos intentos por participar en esa competición ya le habían sido negados en 1990 y 1994.
El tan llamado líder de la selección brasileña se hizo amonestar tontamente durante los cuartos de final. Eso le costó una suspensión para el juego semifinal, donde los alemanes aprovecharon la endeble defensa canarinha, que no pudo llenar el vacío dejado por la estrella del Paris Saint-Germain, y les propinaron una derrota tan histórica como humillante.
Mucho se habló de la ausencia de Neymar, pero en realidad ese arrebate estúpido de Thiago Silva, el neofito del gafete, fue un factor más decisivo en el desenmascaramiento del scratch du oro, lo que devaluó el concepto “capitán" al grado de que en vez de evocar a leyendas como Dunga y Cafú, se termine por pensar en el rap de Caló.
La Copa FIFA es capaz de seducir a cualquiera, y a pesar de que muy de vez en cuando se comporta como una cougar que se deja cargar por un joven inexperto, en realidad prefiere que las manos que la levanten y los labios que la besen pertenezcan a jugadores experimentados.
No por nada figuras como Franz Beckenbauer, Dino Zoff, Lothar Matthäus, Cafú, Fabio Cannavaro e Iker Casillas recibieron la pieza dorada en su tercera participación en Copas del Mundo.
La edición de este 2014 no será la excepción, pues tanto Philipp Lahm como Lionel Messi han estado presentes en las dos justas previas, y precisamente en ésta han llevado el gafete de que los distingue como líderes de sus escuadras.
De esa manera, quien quiera que sea el ganador, el trofeo será entregado a un jugador con tres mundiales a cuestas. A final,la experiencia cuenta.

4/7/2014

Amarte, duele


Por: Emmanuel Villanueva Hau

"Jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay."
- Johan Cruyff (entrenador holandés)


El fútbol es mi amor imposible. Me da tanto pero me quita más, es una relación del tipo donde te enamoras de tu captor. Así es, sin más preámbulos, el fútbol me tiene secuestrado. ¡Oh, dulce síndrome de Estocolmo!

Mi masoquismo me hizo amarlo hasta la piel, aunque esta se raspaba por los múltiples accidentes que tuve al pisar un balón al momento de intentar realizar un movimiento que ni siquiera es digno de llamarse gambeta. Si bailar con mi novia me da un trabajo titánico, bailar con el balón me cuesta hasta poder expresarlo de lo mal que lo hacía en estas breves letras.

En mis tardes de la infancia, jugar las cascaritas era un duro golpe a mi autoestima, siempre era elegido último. La cosa no cambia hasta la prepa, donde era elegido de primero nada mas cuando algún mejor amigo era capitán de la reta en cuestión. Elegirme sí que era una prueba muy grande de amistad.

Y en el combinado juvenil escolar, yo era inexistente. Jugaba por sólo haber pagado el uniforme, cuando no se completaba el equipo o en algún caso de extremada urgencia. Ah, pero eso sí, cuando nuestro aficionado y desorbitado entrenador amateur necesitaba inspirar a los que él dirigía por sólo mero trabajo, y no por algo llamado orgullo, me utilizaba como ejemplo para motivar a sus muchachos a no ser un jugador como yo. Según él que porque no me tomaba en serio el juego más hermoso del mundo. ¡Ah, que equivocado estabas, mi estimado Rich!

Todas las tardes, con unos Total 90 desgastados y comprados a meses sin intereses en una tienda departamental, practicaba tiros en mi piscina vacía. Así es, por un breve momento y en mi imaginario, mi piscina era la cancha del Maracaná, lugar que nunca pisare como jugador por pasar la mayoría de mi infancia frente a un Super Nintendo (cosa que no me arrepiento del todo). Tan sólo recordar esas tardes de preparatoriano con mi balón en la piscina, me enchina la piel.

Como hincha he fallado de la misma manera. Yo apoyo al equipo de la Universidad Nacional de México. Equipo que me ha dado alegrías tras alegrías y que me engalana con sus hermosos colores. Siempre pendiente de ellos. Sueño con Hugo, Cavinho, Campos y los hermanos Pikolin. Los héroes que me han llevado al Olimpo de la liga mexicana. Si tanto amo a mi equipo, ¿en dónde está mi falla? Cuando un jugador hace lo que yo nunca pude hacer con un balón, comienzo a admirarlo, sin importarme los colores. Jugadores como Cuauhtémoc Blanco, Oribe Peralta, Lucas Lobos, Miguel Calero, Rafa Márquez, Ricardo Peláez y un sinfín más.

El fútbol sí que me trata mal. El primer mundial que recuerdo es el de Francia 98, a pesar de tener tan sólo 7 años. Fue la primera final de Copa del Mundo que vi en mi vida, y también…duele decirlo porque la herida está muy reciente… fue la primera vez que vi a México ser eliminado de los octavos. Por primera vez comprendí porque es tan ansiado el famoso quinto partido. Fue el primer mundial donde viví el doloroso “ya mérito”. 16 años de mi vida y 5 mundiales. Me encanta el masoquismo.

Pero nada de eso importa cuando el fútbol te mueve las emociones.  Nadie me puede decir lo lindo que es abrazar a un extraño lleno de felicidad por un gol mundialista, nadie me puede quitar la dicha de sentir los colores de una institución de mucha historia en el fútbol de México. Cantar el himno deportivo de mi club fue lo más hermoso que la vida me ha dado, aunque tuve que viajar muchos kilómetros para llegar a la casa de los Pumas, el equipo de mis amores. Nadie puede decirme que no sé de felicidad de meter un gol, si celebré como todo un dios cuando metí mi primer gol en una liga de fútbol rápido, aunque esté haya sido de rebote con mi rodilla.

Todos los días sueño con ser un jugador de fútbol pero, al igual que el maestro uruguayo Eduardo Galeano, únicamente juego bien, inclusive hasta muy bien, pero sólo cuando duermo. No importa cuantas patadas le dé al piso en vez de al balón, nada de eso importa. Nací amando al fútbol y moriré haciéndolo. Aunque pierda una pierna por ello. Por cierto, soy zurdo igual que Maradona. Y no me importa perder un pie, siempre me quedará ser portero.


Y así no me tomo en serio al fútbol. Imagínense si lo hiciera.

30/6/2014

Con quién festejar, con quién sufrir




 
Por: Emiliano La Pointe Pineda
Estados Unidos 94 fue el primer mundial que viví a plenitud, tenía 12 años y estaba a punto de salir de la primaria. Durante esa edición de la Copa del Mundo también pude ver al que, hasta la fecha, considero como el mejor representativo azteca en dicho torneo.
Después de lo hecho en la Copa América del 93 y de que en el país vecino se había logrado calificar en primer lugar del llamado “grupo de la muerte” mis expectativas se dispararon por los cielos, sólo para caer de una manera estrepitosa tras el maldito episodio de los penales contra Bulgaria.
Un año después México competía en la Copa América 95 y también se fracasó en la primera ronda de eliminación directa. Pero lo realmente doloroso fue que sucedió otra vez desde los 11 pasos, esta vez ante el conjunto norteamericano.
Para ese entonces estaba en la secu y ya tenía bastantes problemas con mis hormonas y sentimientos como para seguir aguantando una relación que, en muy poco tiempo, me había destrozado el corazón sin piedad alguna en dos ocasiones. Ahí comenzó el desenamoramiento.
Tiempo después tuve la chance de seguir por televisión mi primera Eurocopa, Inglaterra 96, donde la escuadra teutona, que había comenzado a seguir desde la gran anotación de Klinsmann ante Corea del Sur en el 94, se alzaría con el título gracias a un gol de oro de Oliver Bierhoff.
A partir de ese torneo empezó mi idilio con Alemania y justamente en la siguiente Copa del Mundo, sería el mismo Bierhoff quien vengaría con un certero cabezazo los desaires con los que la escuadra mexicana me había hecho sufrir años atrás.
El fútbol es un juego, y aunque a veces alcance el nivel de arte no deja de ser “lo más importante de lo menos importante” como dice el periodista Javier Solórzano. Por eso me opongo rotundamente a las corrientes patrioteras que suelen confundir la apatía por el combinado azteca con actos de traición al país.
La inmensa mayoría de nosotros hemos elegido por voluntad propia a los clubes que apoyamos temporada tras temporada, y a pesar de la influencia de factores como el entorno familiar, y las buenas o malas rachas de los conjuntos, al final la pasión es la que dicta a quién se le entrega el corazón de manera incondicional. Esa misma premisa la extiendo a nivel selecciones, y me decidí por Alemania.
Un amigo muy cercano, casi mi hermano, me dijo que mi apoyo a los bávaros era una apuesta segura, pero no hay nada más errado que eso. Desde la conquista de la última Euro del siglo XX, la selección mayor de Alemania no ha vuelto a alzarse como campeona de algún certamen.
Al igual que muchos compatriotas, he llorado la derrota de mi selección. Considerando los mundiales y las Eurocopas que se han disputado entre 1998 y 2012, he visto al conjunto de mis amores caer en finales, semis y cuartos, e incluso ya he probado la maldita impotencia de no superar la fase de grupos. Luego, haber abandonado a los aztecas por los teutones no me ha garantizado en lo absoluto más títulos, pero en cambio sí me ha tocado sufrir varias veces por las derrotas.
Mi corazón no está ni estará más con México, y a pesar de la animadversión que tengo por el producto “selección nacional”, he de confesar que cada cuatro años tengo el sueño guajiro de que TODOS en la Femexfut empezarán a hacer las cosas bien, desde la directiva y hasta la afición.
Me daría mucho gusto ver un día a un equipo constante, que no esté conforme con cubrir su pinche cuota de tres partidos y medio buenos en un mundial, que deje de “hacer sándwich” y sea capaz de demostrar un estilo definido, personalidad y entrega en cada momento que salga a la cancha, sin importar lo que se esté juegando o a quien tenga enfrente.
Mi identidad mundialista está definida, sin embargo mantengo la esperanza de que algún día se aproveche el potencial del que se dispone, redoblando esfuerzos en la profesionalización y disminuyendo la vil comercialización.
Sólo hasta entonces la afición de la verde podrá tener un representativo digno, diferente al que desde hace 24 años no ha sido más que un invitado seguro al mundial, que siempre se convierte en rival incómodo para los grandes pero que jamás ha trascendido más allá de los octavos de final.