11 nov. 2013

Los grilletes de las emociones.



Por: Agustín Moreno Frías

Hay quien dice que el fútbol es más que sólo un juego y estoy de acuerdo con ello. Estoy convencido de que el fútbol es un fenómeno social, que trasciende más allá de ese rectángulo verde rodeado de tribunas de concreto donde cada fin de semana se congregan los aficionados para olvidarse durante un rato de los problemas cotidianos. 

El fútbol a nivel profesional en México se ha convertido en válvula de escape para una sociedad que a diario lucha por salir adelante en un entorno muchas veces adverso, y que encuentra en su afición una manera de desahogarse al acudir al estadio a presenciar, y a su vez ser partícipe, del ambiente que rodea al equipo que apoya.

Sin embargo hace tiempo que tanto a los aficionados como a los mismos futbolistas se les ha empezado a maniatar a la hora de expresar su sentir. Los altos mandos de la Federación Mexicana de Fútbol se han convertido en represores de emociones y manifestaciones de los sentimientos de jugadores y futbolistas. En otras palabras, están matando (si no es que ya lo hicieron) al folclor del fútbol mexicano.

¿Quién no recuerda que hace algunos años el colorido dentro de un estadio? Hacían gala de presencia las banderas, las mantas o trapos, los rollos de papel, algunos mosaicos y banderas monumentales, incluso por ahí una que otra bengala, que se encargaban de dar un cierto toque de épica al partido en cuestión.

Hoy vemos que la afición tiende a manifestarse en la tribuna de una manera cuasi-clandestina, por ejemplo; cuando aparece una manta (independientemente del mensaje que contenga)  ¡Zaz! ahí va una multa, aparece un mosaico y... ¡Zaz! otra multa, aparece una lucecita no autorizada por los "dueños" del balón y ¡Zaz! multa para variar. Todo el ritual de visitar un estadio de fútbol se ha reducido a estar sentado-parado, gritar, comer/beber y ondear la banderita autorizada por el club (las barras tienen el permiso para saltar mientras hacen todo lo anterior), se ha reducido de cierto modo la interacción de los aficionados con el juego.

No contentos con reprimir el sentir del aficionado, nuestros "brillantes" dirigentes la agarraron también contra los jugadores, agotando la baraja de expresiones emocionales provocadas por este deporte al mínimo. Sencillamente díganme quién no extraña ver festejar a los jugadores con algún chistorete o algún objeto propio de nuestra cultura: máscaras de luchador (o de cualquier tipo), algún festejo coreográfico medio ensayado, levantarse la camiseta mostrando algún mensaje de apoyo a alguien querido o haciéndole ver al mundo que ha pasado muchas horas en el gimnasio, en fin, la imaginación es el límite para un festejo. Y que no se les ocurra decirles sus verdades a los dirigentes, dueños, jugadores o cualquier otro personaje del medio porque ¿Adivinen qué? efectivamente, ahí va una multa.

Estoy consciente de que dar ese cierto grado de libertad puede prestarse para muchísimas cosas que no serían del agrado de todos los que asistimos a un estadio a ver un espectáculo, ante lo cual considero que lo adecuado sería regular estas libertades, algo tan simple como una especie de Reglamento de Barras y Festejos (o algo por el estilo) donde se establezcan los límites y los parámetros a seguir tanto para las barras, que son las que principalmente se organizan para los espectáculos de la tribuna, como para los futbolistas. El punto al que voy es: la solución no es prohibir, sino regular.

El fútbol es un deporte hecho por y para seres humanos, no para robots que simplemente llegan, hacen su papel en el estadio y se van. El aficionado o jugador que diga que sólo va a un estadio sin sentir nada es un mentiroso. Y es precisamente ese sentir el que le da el color a nuestros estadios, el que hace que nuestra liga sea única no solamente por su fútbol, sino por la calidez e inventiva de sus aficionados en las tribunas y de sus jugadores en la cancha. Es cierto que los jugadores cumplidores y bien portados son admirables, pero a todo mundo le cae bien el irreverente que de repente saca un detalle o una locura sobre el terreno de juego ¿O a poco no extrañan a Antonio Mohamed y sus Toros Neza, al "Loco" Abreu y sus máscaras, al "Chamagol" y sus festejos, al "Bofo" regalando zapatos o las locuras de Cuauhtémoc Blanco?

Así las cosas, nos encontramos con que tanto afición y jugadores (principalmente) están maniatados a los designios de los altos mandos a la hora de querer ejercer su libertad de expresión y liberar en cierto modo sus emociones. Es cierto que dicho derecho tiene sus límites marcados no por las leyes del fútbol, sino por las Leyes del país en que vivimos. 


Esto me lleva a hacerme un serio cuestionamiento si, por ejemplo, un buen día un jugador realiza una declaración polémica y amagan con censurarle ¿Qué pasaría si de repente en un ataque de valor, y sin dejarse intimidar por quienes manejan los hilos del fútbol mexicano, acudiera ante un Juzgado o Tribunal para ampararse sobre el ejercicio de su garantía de libre expresión hasta sus últimas consecuencias? ¿Y si fueran unos pocos? ¿O muchos? Lo dejo a la libre reflexión e imaginación de ustedes.

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