Escribo estas líneas con el fin
de que conozcas mi sentir, no espero que entiendas; sólo espero que las leas
sin el odio que normalmente te nace en la cancha.
Debes entender que los dos somos
personas normales fuera del área de trabajo, pienso que en otro universo tal
vez pudimos ser buenos amigos. El destino nos puso en circunstancias un tanto
difíciles y esto de ser buenos amigos se vuelve “tácticamente” imposible. Hoy
por hoy yo me he resignado a lidiar contigo como un jugador, no como persona.
Ahora me toca a mí reclamarte:
He pintado la línea donde tienes
que tirar y muy disimuladamente te pasas de esta línea, te señalo dónde sacar
de banda y das tres pasos adelante. Te burlas de mi autoridad.
Los dos sufrimos del mal de la
crítica, pero tú te coronas si aciertas y yo sólo hago lo correcto, lo que debo
hacer; por obligación. Mis aciertos nunca serán dignos de aplausos ya que
alguno de los dos equipos sale perjudicado. Que te quede claro, no quiero
quedar bien con nadie.
Hace unos días te atreviste a
reclamarme más de 3 veces, tu mirada me reta, me amenaza, pero yo no te tengo
miedo, aprendí a odiarte tanto como tú me odias. Yo no le voy a ningún equipo
pero debo de confesar que más de una vez en casa he visto tus partidos; siempre
he pensado que la afición también debería de gritarte insultos todo el tiempo
dado que tú eres quien falla más. Me río cuando no anotas, te juzgo a
distancia, me da pena que con todo y la responsabilidad que cargas te haces el
ofendido cuando sabes que atacas mal, que cometes falta, que te tiras al piso
cuando nadie te tocó. No tienes vergüenza si de mentir se trata.
Déjame desenmascararte más: yo te
he visto festejar después de una derrota, te he visto aparecer en revistas de farándula
barata, tu afición debería de reconocer que a veces entras a jugar por dinero y no porque quieras ganar el partido.
Yo tengo la perspectiva exacta de
ti; te conocí desde que estabas en tercera división, te vi escalar y, créeme, conforme crecías eras más arrogante y soberbio. Me miras por debajo de tu
hombro, pero al finalizar el partido si ganaste te despides de mí con un
apretón de manos. Hipócrita.
Te voy a pedir un favor, estimado jugador, no me veas como persona; veme como lo que soy: la autoridad dentro de la cancha, ya que al igual que tú yo me preparo todos los días, entreno duro en cabeza, en cuerpo y en corazón para desempeñar mi trabajo.
Te voy a pedir un favor, estimado jugador, no me veas como persona; veme como lo que soy: la autoridad dentro de la cancha, ya que al igual que tú yo me preparo todos los días, entreno duro en cabeza, en cuerpo y en corazón para desempeñar mi trabajo.
Créeme: por mas diferencias que
existan, hacer tu trabajo lo podría hacer cualquiera con talento, pero para
desempeñar mi trabajo necesitas más que eso.
El árbitro.
*ESTA NOTA SE ESCRIBE SIN
REFERENCIA DE ALGUN JUGADOR Y/O ÁRBITRO, EN BASE A LO QUE SE VE EN TELEVISION A
NIVEL MUNDIAL.
1 comentario:
Buena reflexión, para el binomio Arbitro-Futbolista, pero... que me dicen de una situación similar o análoga digamos, Confesor-Confesado, Medico-Enfermo, Policía-Infractor o Investigador-Indiciado.
Todo es según a través del cristal con que se mira?
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