24 jul. 2013

Despidiendo a Don Arturo Yamasaki

Artículo basado en la columna de Roberto Gómez Junco, publicada el 23 de enero de 2013 en Cancha del diario Reforma.


Por: Paris Flores/Editora 


Cada semana los principales espacios futboleros los acaparan los mejores jugadores... y los peores árbitros.
Si a los futbolistas se les mide por sus aciertos, a los árbitros se les revisa por sus errores.

Para entender ese contraste y definir lo que en este juego representa la figura del árbitro, nada mejor que recurrir a Eduardo Galeano:

- "El árbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible, y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera.

- "Entra al campo de juego y con toda razón se persigna al entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge.

- "Su trabajo consiste en hacerse odiar; única unanimidad del futbol: todos lo odian. Le silban siempre, jamás le aplauden.

- "Está obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia le ha sido otorgada.

- "Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él.

- "Durante más de un siglo el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores".

En lugar de satanizar a los árbitros semanalmente, bien haríamos en tratar de entender el grado de dificultad inherente a la labor que realizan. Intentar comprender lo que significa tomar decisiones al instante, en el vértigo del juego, sin repeticiones de por medio ni varias tomas al alcance.

Porque si por definición el árbitro es arbitrario, también muchas arbitrariedades se cometen en su contra, empezando por la de siempre resaltar sus errores y muy de vez en cuando reconocerles sus aciertos.

Antes de exigir mejores arbitrajes, empecemos por ser, nosotros mismos, menos arbitrarios.
 

















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