12 jun. 2012

La ingrata labor de ser Portero


Por: Alejandro Hernández Yáñez

Una de las posiciones más ambivalentes del soccer es la que desempeñan los porteros al defender la línea de gol. Dicha función los hace definir el resultado de un momento a otro y puede convertirlos en los héroes o villanos del partido según la opinión de los medios y la afición.

Los Guardametas son los jefes de la zona más importante del campo de futbol. Ídolos de niños y jóvenes quienes tratan de imitar sus proezas en la cancha de 120 por 90 metros. Responsabilidad que comparten y ejercen con orgullo aunque no sean reconocidos como otros compañeros. Son los arqueros del balompié, personajes desconocidos del área chica.

El reconocimiento es efímero, ya que los mismos medios de comunicación y espectadores del encuentro determinan si el cancerbero influye en el marcador. Situación que demerita su trabajo en cancha en relación a que su  responsabilidad se limita a la de atajar balones, acción que no únicamente realiza a lo largo de 90 minutos de juego.                                            

Portero sin suerte no es portero. El peculiar caso de Luís Ernesto Michel.
El Jalisciense Luís Ernesto Michel Vergara, portero titular y unos de los referentes del Club Deportivo Guadalajara, representa un ejemplo de la fama y la ruina que conlleva ser cancerbero, con base a su trabajo, las críticas de los medios y la afición sobre su rendimiento.

“El Gato”, como también es conocido, es titular de la meta rojiblanca desde 2007. Su debut profesional fue ante el Club Irapuato en 2004, pero tuvo que esperar tres años más para poder consolidar su lugar en la portería Chiva, gracias a la salida de Oswaldo Sánchez al Club Santos de Torreón.

Su carrera ha tenido más altas que bajas debido a que tuvo que lidiar por varios años con la sombra de Oswaldo para actuar en la cancha. Ya para 2008 el futbolista nacido en Guadalajara sufrió una doble fractura del brazo izquierdo al encarar un partido del torneo Interliga Norteamericano, que lo hace perder más de la mitad del torneo Apertura de ese mismo año y que significó una baja sensible a la oncena comandada por José Manuel de la Torre.

En el campeonato que concluyó hace unas semanas, el Clausura 2012, tuvo que enfrentar la controversia ante la afición por el bajo rendimiento del equipo: malos manejos, fallas ante el marco por la inexperiencia de los delanteros, pésimas decisiones directivas entre otros factores, pesan también sobre los  hombros de Luís, más por ser uno de los jugadores con mayor experiencia  dentro del equipo.

Ejemplo de esta controversia se dio en el partido contra Xoloscuintles de Tijuana en cancha del Estadio Onmilife, la nueva casa del Guadalajara. Partido importante para el cuadro rojiblanco, dirigido entonces por Fernando Quirarte pues para la tarde noche del sábado 21 de enero de 2012 y a tres jornadas de iniciado el campeonato, El Rebaño no tenía puntos sumados de nueve posibles.

Corría el minuto 15 del primer tiempo cuando Jaime Almazán tiró un centro a la olla desde la banda derecha sin peligro aparente, que es conectado  de cabeza por el ecuatoriano Duvier Riascos Michel atajó el tiro pero concedió un rebote dentro del área chica para que José Sand, atento a la jugada, empujase el balón al fondo del marco. Caía el uno a cero contra los locales.  

El público del estadio no reaccionó ante la falla de Michel. Solamente los medios que transmitieron el partido y retransmitieron el resultado a lo largo de dos días culpaban al cancerbero del error con el que cayó el primero de dos goles que la oncena fronteriza propinara al cuadro rojiblanco, traduciéndose en la tercera derrota consecutiva del Chiverío que consumó el peor inicio de torneo de su historia y de paso, significó el cese del “Sheriff” Quirarte como Director Técnico.

Semanas después el cancerbero rojiblanco declararía a través de su cuenta de  Twitter lo siguiente, respecto al rendimiento individual y colectivo del equipo, comprometiéndose a cumplir ante la afición y solicitando su apoyo:

“Los 30 millones de aficionados le dan vida a este equipo. 1 punto de 18 es inaceptable para esta institución. Cualquier argumento suena a justificación, somos los responsables del mal paso del equipo. El trabajo es lo que va a sacar a Chivas adelante. En las buenas les he dado la cara y ahora que el equipo no va bien aquí estoy. Nunca he bajado los brazos, de corazón les digo que hoy más que nunca necesitamos de su apoyo. Gracias”.
En la jornada ocho El Gato Michel daría de que hablar, ahora en el partido contra el Club Santos. El Rebaño jugaba de local y estaba a cuatro minutos de obtener su primera victoria del torneo cuando Johnny Magallón empujó dentro del área a Oribe Peralta, decretándose la pena máxima a favor del equipo Lagunero.

Parecía la debacle aunque se tratara de un empate. 2-1 ganaba hasta ese momento el conjunto de la Perla Tapatía y Marco Antonio Rodríguez el silbante en aquella ocasión, señalaba un penal que podía mermar en la confianza de los jugadores, romper las ilusiones de la afición dentro del estadio y los millones de seguidores que veían el partido por televisión.

El tiro penal sería ejecutado por Hércules Gómez, quién minutos antes abrió el marcador por parte del equipo de Torreón. Con un soberbio remate de cabeza metiendo un efecto al balón, colocándolo a segundo poste y dejando al portero chiva sin movimiento, viendo como la bola perforaba la red de su meta.

El destino le tendría preparada una revancha. El árbitro acomodaba el balón a once pasos de distancia. La afición apoyaba a su cancerbero con gritos como: “portero, portero, portero,” e incrementaba las rechiflas contra el rematador. Mientras la autoridad, queriendo ser protagonista del encuentro, señalaba a Luís Ernesto Michel que debía colocarse sobre la línea como lo marcan las reglas del balompié.

La hora de la verdad llegaba: “o empata Santos o gana Chivas” decía Jorge Pietrasanta al narrar el partido. El juez silbó para cobrar el tiro. Confiado, queriéndose lucir a la garrincha, Gómez conectó muy débil al centro de la portería, aguantando Luís Ernesto el momento para atajar el balón. El club Guadalajara conseguía su primer victoria del torneo en manos de su arquero, quien inmediatamente de atajar el penal salía jugando con tal de agotar los dos minutos que faltaban al partido.

Los hinchas gritaban de júbilo, los compañeros desubicaban sus líneas con tal de bajar a felicitar al “uno” rojiblanco por la acción contenida. Al día siguiente, los diarios y noticieros ponían en sus titulares, a ocho columnas, la foto de Luís Michel sin playera, cargado por sus compañeros y catalogándolo como la figura de la jornada. No hay menor duda, portero sin suerte, no es portero, en la cancha, en la vida y en el gusto de los medios.

La controversia
A partir de la anécdota de Luís Michel se puede hacer el análisis correcto de la problemática. Los medios inflan y demeritan a la vez el trabajo del guardameta aunque sus intervenciones sean pocas en relación a las de otros compañeros dentro del campo.
                                                                                                               
Félix Fernández en su libro Guantes Blancos, Las redes del futbol habla sobre la anécdota de demeritar el trabajo de portero y limitar su campo de acción a una porción del campo: el área chica. Debido a que en ocasiones quienes narran o comentan una jugada jamás han tocado un balón o no han participado en jugadas como esas.

Para Gerardo Mellín, reportero de Azteca Deportes, tanto medios como afición no reconocen el trabajo de un cancerbero por la sencilla razón del momento que gozan los delanteros: “el delantero es el que siempre acapara las portadas de los diarios. Al fallar una oportunidad, no se le recrimina tanto como a un portero, pues se generan otras tantas para meter gol”.

Ante esto hay diversas reacciones. Luis Fuentes, defensa de los Pumas define que hay varias circunstancias por las cuales se niega el gol en determinada situación, destacando la técnica individual del portero.  “Si el portero es un gran guardameta también influye, puede achicar bien, tiene grandes reflejos, pueden combinarse varias cosas por la cual no puedes anotar”.

Con esto, los medios demeritan el trabajo de un portero, en función de las pocas intervenciones que pueda tener durante un partido pues cargan la responsabilidad del gol al eje de ataque. En otras palabras, el guardameta solo interviene en la falla del delantero.

Sin embargo, hay que tener en cuenta quién emite ese tipo de comentarios con el fin de darle validez. No es lo mismo un comentario de un jugador retirado, colaborador en un medio que el de un reportero o cronista interesado en el tema. Otro factor que influye dentro de esta cuestión de ignorancia de la pertinencia de ser portero es que el titular de posición de meta ya está preparado para esa experiencia, sin embargo contando con el respaldo de la directiva y los compañeros, esta querella no es trascendental.

Es lo que opina Alejandro “Pikolín” Palacios portero titular de los Pumas de la UNAM: “No es fácil estar en la portería y menos en un equipo como Pumas. Entonces, siempre hay un ambiente de presión, sobre todo por parte de los medios, no  tanto por parte de la directiva a los jugadores, ya que regularmente te brindan el apoyo.”

A partir de ello Odín Patiño, el segundo guardameta del cuadro del Pedregal opina ante el tema centrando su opinión en valorar el trabajo individual que los comentarios generados a su rendimiento: “Hay jugadas que gente que sabe de futbol puede tener una opinión, aficionados que nunca han pateado un balón, que nunca han estado en un campo de juego pues pueden tener otra. Aquí lo importante es saber cuándo lo hiciste bien o cuando lo hiciste mal”.

A partir de lo bien preparado, tanto física, psicológica y técnicamente el jefe de los tres palos parece hacer caso omiso a lo que pueda ocurrir extra cancha durante los 90 minutos de juego. Solo busca concentrarse en su trabajo, aportar al equipo y  buscar un mejor rendimiento colectivo.

Con ello, existen dos vertientes sobre el desempeño del guardameta. La  primera es que puede tener funciones dentro del campo de juego además de la principal. La otra consiste en descubrir que cualidades técnicas y físicas debe tener para prepararse y consolidarse como un buen arquero, sin importar la opinión de los medios de comunicación.

El portero, un jugador de campo sin acción aparente.
Durante 90 minutos un cancerbero no se dedica únicamente a atajar balones. Tampoco se pone a leer una revista como Jaime “Tubo” Gómez ante la ausencia de ataque del rival. Cumple otras funciones que enriquecen el trabajo colectivo del equipo. La primer función que cumple por ejemplo, es elaborar códigos y tácticas de colaboración entre sus defensas. Como establece Luiggi Bonizzoni en: El portero: preparación física, técnica y táctica: “es el portero el que debe aconsejar y dirigir a los propios compañeros de la defensa empleando un lenguaje particular constituido por expresiones breves, simples e inequívocas.”                                                                                                                               

Con lo anterior se busca crear una especie de confianza y control dentro del primer cuadro del campo. La relación biunívoca se encuentra explícita gracias a la visión de campo que el guardameta aporta a sus compañeros. Visión que únicamente es útil a sus compañeros más cercanos y comunicación que se extiende a todos los sectores del campo de juego.

El Defensa y capitán de los Pumas de la Universidad, Efraín Velarde, toma esta visión de campo como una forma de agrupar su línea defensiva: “Como equipo debe haber comunicación entre todos. El portero tiene una visión de campo, ayuda a ubicar la zaga, mantenerla escalonada y con ello agruparnos para evitar el gol”.

En voz de la propia experiencia, el portero cumple también dos objetivos secundarios: el transmitir seguridad a sus compañeros y apoyar a los mismos, transmitiéndoles seguridad, sobre todo, a los debutantes para que puedan jugar a ritmo de los compañeros que ya tienen más tiempo en un club.

La seguridad y la confianza dentro del campo se obtiene solamente de una forma: el trabajo individual. Un portero novato no tiene la misma seguridad que uno con más de cinco años de carrera profesional. El trabajo del Cancerbero va a originar que el jugador se sienta confiado y seguro de que hay alguien fuerte y apto en la línea de meta si llegara a pasar una desatención de su posición.

Esta confianza y seguridad que el arquero obtiene con base en su trabajo también se debe a una preparación psicológica por parte del entrenador y del cuerpo técnico en general, debido a la responsabilidad que ejerce. Tiene que estar consciente que un error suyo puede determinar un resultado. Debe de dominar sus impulsos emotivos para evitar que la pasión domine su trabajo. Esta cuestión es tratada con  el tiempo (madurez en la edad del portero) y la confianza traducida en mayores apariciones en el marco.
La edad idónea para que un portero tenga esa madurez y pueda consolidarse como figura bajo el marco debe tener un rango de entre 28 y 30 años, casi en el ocaso de su carrera deportiva, aunque parezca irónico, sin mermar en el físico ni en su preparación.
                                                                                                                    
Las cualidades del portero son adquiridas por entrenamiento. Otras son innatas. Para efecto del reportaje solamente tomaremos en cuenta las más notables: estatura, fuerza de arranque o elevación (brinco) Velocidad de reacción y agilidad, encarnadas en una sola persona: Oscar Pérez Rojas, uno de los últimos ídolos del Cruz Azul y titular en la oncena del San Luís.

Un buen portero debe tener una estatura que oscile entre 1.78 y 1.85m para alcanzar balones que estén por encima de su talla y defender los tres palos cuyas medidas son de 7.32m por 2.44m de alto. Ejemplo son Guillermo Ochoa, Jonathan Orozco y Oswaldo Sánchez quienes imponen condiciones por su tamaño a la hora de ganar un balón por aire.

Sin embargo esto no fue impedimento para el arquero capitalino pues con su 1.73m de tamaño, El Conejo Pérez sabe solventar esta deficiencia con dos elementos más, La fuerza de arranque y la velocidad de reacción. Dos cualidades que se fortalecen día a día con cada entrenamiento.

Pérez es reconocido por esas cualidades que le han permitido colocarle dentro de los annales del futbol nacional. La fuerza de arranque consiste en la potencia que puede dar una persona al brincar. Mientras, la velocidad de reacción es la capacidad de reflejo que tiene ante determinada situación en la cancha.

Basta con un ejemplo. Es uno de los pocos guardametas que puede  tocar con el pie el travesaño de la portería, debido al resorte que posee (fuerza de arranque) y ha parado balones de penal inclusive. En un partido contra Real Madrid le atajó dos tiros de castigo a Luís Figo, figura de los merengues, gracias a la reacción que posee como guardameta, natural en él.

La agilidad consiste en la capacidad de asumir el cuerpo  a diversas posiciones insólitas, adaptándolo a las circunstancias del juego.  Es el típico vuelo o lance que maravilla a la afición y hacen del cancerbero un héroe mitológico, un dios bajo los tres palos, admirado por los fanáticos del equipo y odiado por los rivales. Por eso Oscar “Conejo” Pérez sigue presente en la memoria del CruzAzul, aun después del retiro.                                                    

Ante todo esto, ¿Un portero es demeritado?
El trabajo del portero sí es devaluado por parte de los medios de comunicación. Aunque el portero pertenece ajeno a la situación, los comentarios de especialistas de futbol o de simples cronistas que desconocen la experiencia de enfrentarse a una circunstancia de presión, no merman en la integridad del guardameta, pues éste está concentrado en cumplir con su trabajo.

El Cancerbero no limita su función a la de atajar balones durante el lapso del partido. Tiene dos funciones complementarias: Elaborar esquemas comunicativos para reagrupar la línea defensiva del equipo, evitando así ser sorprendidos por el ataque contrario. La otra función que cumple es la de brindar apoyo y confianza a los compañeros, más a los novatos, con el fin de transmitir seguridad al jugador.

El trabajo de un portero tiene mayor responsabilidad que otras posiciones dentro del juego del hombre, el futbol. Esta responsabilidad se traduce en las buenas actuaciones que pueda tener en una tarde, en las intervenciones que mantengan el marcador a favor del equipo que defiende.

No obstante, estas intervenciones, los momentos de gloria que puedan tener en 90 minutos pueden convertirse en una tarde gris. Sin embargo, el portero está preparado física y mentalmente para hacer frente a esas situaciones. Por ello existen rasgos a considerar como la madurez y la técnica individual con el fin de hacer más seguras sus intervenciones y considerarlo como figura.

Es importante destacar la forma en la que se prepara y las cualidades que debe tener un portero para considerarse una figura. No se puede hacer un análisis de la desvaluación de un trabajo en el que se desconoce la preparación.

Por eso, los medios de comunicación devalúan el trabajo del portero: critican sin conocimiento de causa. Se limitan a hablar de situaciones que ellos, los cronistas, jamás han experimentado. Lo bueno es que el guardameta desconoce dicha circunstancia; si el comentarista desconoce su trabajo en momentos de presión, el cancerbero ni siquiera pone atención el lo que dicen de él, pues está enfocado en su trabajo principal: mantener segura la línea de meta.

Devaluado o no, el jefe de los tres palos sigue siendo inspiración para los niños y jóvenes que gozan de imitar sus proezas. Por eso y mucho más, el portero es amo y señor de la portería, héroe anónimo del futbol que no necesita de reconocimiento para ser figura. El ya lo es, por el simple hecho de atajar una emoción mal narrada.


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