26 sept. 2013

La cabeza de Zidane (fragmento de El Minuto de Alcides)




Por: Daniel Salinas Basave

La calva cabeza de Zidane fue capaz de irrumpir providencial en dos finales mundialistas separadas por ocho años. Su frente fue el martillo que batió dos veces a Tafarel en la final del Mundial 98 en Saint- Denis y coronó a Francia campeón del mundo. Pero esa misma frente estrellándose en el pecho de Materazzi en Berlín, construyó la estampa inmortal de su biografía. Su último acto como futbolista profesional fue derribar de un cabezazo a un italiano grosero que llamó puta a su hermana. Inmediatamente después la tarjeta roja y la derrota en los penales vista desde la tribuna.

A lo largo de su vida Zidane hizo goles de bandera. El que le anotó de volea al Bayer Leverkusen en la final de la Champions del 2002 jugando con el Real Madrid fue néctar de otro mundo. Vaya, en el mismo partido contra Italia en Berlín, Zidane le anotó al arquero Buffon un penal sedoso y extravagante, sin duda el mejor gol desde los once pasos anotado en una final mundialista. No fue suficiente. La jugada más repetida, comentada y machacada de la vida de Zidane no fue un gol sino una agresión. El cabezazo de Zidane tiene incluso un monumento en el Centro Pompidou de París elaborado por el artista Adel Abdessemed, cuya réplica ha sido llevada a una galería neoyorkina.

Zidane pudo hacer mil y un genialidades, pero solo su arrebato de furia mereció una estatua. El instante inmortalizado en bronce.

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