25 jul. 2012

Por qué le voy a (FIORENTINA)


Por: Juan Francisco Santoyo

Quizá sea la distancia, o algún otro factor; lo que es cierto es que es difícil reconocer que existan –para mí- equipos más allá de la frontera que sean capaces de producir cualquier sentimiento parecido a la “pasión”. En lo que respecta a emociones, hay muchas ligas y competiciones que sigo de manera constante, las cuales me han hecho vivir y presenciar sucesos gloriosos, dramáticos e inolvidables. Dicho esto, es conveniente aclarar que no es ésta la única clasificación o parámetro existente para poder lograr que un equipo foráneo pueda tener tanta o mayor influencia en numerosos aficionados, como los equipos de sus respectivas ligas locales. El buen juego, los nombres reconocidos, un gran equipo o competiciones jugadas a tope son factor para que gente en latitudes distantes los siga, los aliente y consuma su marca, sin importar barreras tales como la diferencia entre husos horarios, por ejemplo.

Si hay un equipo del que pueda afirmar “siento sus colores”, es de la Fiorentina de Italia. Dentro de mi curiosidad futbolística, las ligas de España e Italia fueron las primeras cuyo brillo internacional me llamó la atención. Desde niño, junto a los resúmenes semanales de la liga mexicana, intentaba no perder detalle de la Serie A o la ahora llamada “Liga BBVA” (en aquel entonces simplemente “La liga”). Los equipos de ambas naciones poco a poco fueron adquiriendo familiaridad, sus colores, estadios y figuras pasaron a ser parte de mi realidad, de mi cotidianeidad; y también con el paso de las jornadas, el aprecio hacia unos y el desprecio a otros fue consolidándose. Sin embargo, no había ningún equipo capaz de hacerme vibrar, de lograr que me emocionara con sus triunfos y que me dolieran sus fracasos… Eso hasta por ahí de 1999, más o menos. En esa época madrugaba para ver los partidos de la Serie A, y me cautivó el juego que los de Florencia practicaban, tanto así que durante las primeras jornadas fueron líderes absolutos. ¿Y cómo no iban a serlo? si entre sus filas estaban Francesco Toldo, futuro portero del Inter y de la selección; Tomas Repka, auténtico líder checo en la zaga; Moreno Torricceli, conduciendo los hilos del medio campo junto a Angelo Di Livio (quien prefirió jugar en tercera cuando el club fue relegado ahí por problemas financieros) y Rui Costa (quien más adelante sería símbolo del Milán); y qué decir de la delantera: Gabriel Batistuta, Edmundo y Luis Airton Oliveira conformando un tridente ofensivo de miedo; todos ellos conducidos por uno de los más prestigiados entrenadores italianos: Giovanni Trapattoni. Gracias a esos nombres nunca caí presa del delirio por ningún otro equipo del ‘país de la bota’; aún y cuando este equipazo terminó por no ganar nada.

Cierto es que la “viola” no las ha tenido consigo siempre: su palmarés es corto en comparación con los grandes clubes de dicho país (dos scudettos en serie A, 6 copas Italia, una Supercopa, 1 Recopa europea); además que me tocó vivir un momento muy amargo: su descenso en el 2002, aunado a su desaparición y la reaparición en la serie “C2”, sin duda momentos muy difíciles… y qué decir del lastre derivado del “Calciopoli” del 2006, cuando el descenso administrativo de nueva cuenta fue una amenaza, que al final culminó con una penalización y pérdida de puntos para la campaña 2006-2007, sin contar que no se pudo jugar la Champions League por lo mismo. Pero aún así, siempre serán mi equipo europeo por antonomasia; no es de extrañar que mi primer playera internacional fue precisamente su jersey de visitante, esa famosa playera blanca con el logo de Nintendo.

En fin… el Calcio habrá perdido muchos puntos para mí en los últimos años, podrá ser una liga intrascendente y cuyo interés se ha vuelto nulo; mas no duden que, cuando conozca Florencia, aunado a todos los lugares de interés cultural, estará la parada obligada en el Artemio Franchi.




1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues ya somos dos. Empecé a irle a la Fiore en 1991, y todo porque tuve la suerte de estar en Florencia durante la presentación de "Batigol". Si mal no recuerdo todavía tengo algunas fotos que tomé en la plaza donde montaron el estrado, frente a la iglesia de la Santa Crocce. Lo que sí no voy a olvidar es la forma en que la gente recibió a Batistuta. Ah, qué tiempos aquellos...