1 mar. 2010

HECHO EN MÉXICO

Hace un par de semanas hubo un partido de la Premier League donde sólo jugaron dos futbolistas ingleses. Los demás, incluídos los hombres en la banca, eran la Torre de Babel de shorts y con tacos. En otras ligas como la Serie A, la Bundesliga o la Liga Española no tardará en suceder algo similar, pues gracias a las leyes de la UE cada vez hay más jugadores extranjeros y menos talento nacional. 

De este lado del Atlántico (en tanto Chávez no se invente los Estados Bolivarianos de Latinoamérica donde todos tengamos un mismo pasaporte) las ligas limitan el número de jugadores extranjeros a 4 ó 5 por oncena. Hay mucha patria en cada equipo, sí, pero el brillo y los blasones casi siempre recaen en los pies del Masiosare. En River Plate, por ejemplo, uno de los ídolos más adorados es uruguayo: Enzo Francescoli (1983-86, 1994-97). Al otro lado del puerto, en la Boca, hay un meta colombiano que nadie olvida: Oscar Córdoba (1997-2001). Y en México no hay un solo equipo que en su época dorada no haya tenido algún jugador foráneo como uno de sus pilares: Toluca/Cardozo, América/Zelada, Pumas/Cabinho, Necaxa/Aguinaga, UAG/Donizete, Puebla/Aravena.

Salvo las Chivas.

Guadalajara no puede (o más bien no quiere, no se le pega la gana, y he ahí uno de los fundamentos que lo hacen el equipo con más seguidores dentro y fuera de México) contratar a un centrodelantero argentino, un 10 proveniente de Corinthians o un central de Cerro Porteño.

Desde sus inicios las Chivas decidieron jugársela con puros mexicanos, y eso que vivimos en el único lugar del mundo que tiene una palabra específica para definir el rechazo hacia lo nacional-malinchismo.

El Rebaño creyó firmemente en lo que está hecho aquí, adelantándose décadas al sellito ese que tiene un águila de perfil y el “orgullosamente mexicano” que tanto pregonan las campañas publicitarias del Bicentenario. Con eso les ha alcanzado para ser el equipo con más vueltas olímpicas en la historia. Con eso son más mexicanos que cualquier selección nacional que presente naturalizados. Y con eso han logrado lo que ningún otro cuadro: ganar ocho partidos al hilo desde el comienzo de la temporada.

Ojalá que la inercia les dure hasta la final. Ya ahí que gane el mejor,  siempre y cuando ese mejor no sea un San Luis que clasificó noveno a la liguilla o un América que reciba la ya tradicional ayudadita del colegiado (¿te acuerdas Urrea?).

Afición Chiva: sigue Jaguares; vayan enfriando la sidra.

6 comentarios:

Carlos Gut dijo...

Excelente post y eso que no le voy a Chivas. una cosa, cuando hablas de los equipos falto Cruz Azul con Marín pero en cambio pusieron al América con Zelada. Tal vez ustedes etan mas jovenes pero Marin fue mucho mejor que el portero de las Aguilas.

Enhorabuena,.

CALIGULA dijo...

Muy buen post.
El momento del Chivas puede dar varias aristas para el análisis tal como la que mencionas.

Una debilidad por el Athletic Bilbao nos nace a partir de este razonamiento, acaso, una manera de volver a los significados del fútbol como representación de barrios, regiones y países.

Un saludo cordial de Buenos Aires.

El George dijo...

mmmmmm ... mientras mas alto mas duele la caida ... por 8 partidos ganados ya son los mejores ... no han jugado con el Monterrey, Toluca, Cruz Azul, Pumas y América ... es mas creo que ni contra el Morelia ... el mas difiicl que les ha tocado es el Puebla... en fin ... ademas hay que recordar que muy pocas veces el super lider gana el campeonato..

J. Lüver dijo...

Que vengan preparados por que también viene Pumas, y ahí si, se les acabo.

Por cierto, chulo header! me gusto mucho

Darth Chelerious dijo...

traumados todvia con lo de urrea? ya chole con eso. están como todos esos mexicanos que siguen traumados con la conquista española y que culpan a los españoles de la jodidez mexicana actual.

portzebowsky dijo...

Lo del ladrón de Joaquín Urrea es solamente un pequeño y recordado ejemplo de cómo, cuánto y desde cuándo los de negro le han echado una manita a los de amarillo. Pero como ése hay decenas. Y no, la cosa no tiene que ver con traumas, sino con que el arbitraje mexicano lamentablemente se parece mucho al país