11 jun. 2014

La historia no juega para España




Por: Emiliano La Pointe Pineda

La Copa Mundial FIFA que cada cuatro años es entregada al capitán de la mejor selección del orbe, quien primero la besa y después la levanta al cielo en señal de triunfo, fue disputada por vez primera en el certamen de Alemania 1974.

Estamos a sólo unas horas de que arranque la edición número once del torneo que corona al vencedor con la hermosa pieza que el italiano Silvio Gazzaniga esculpió, y por eso el presente recuento de nombres y datos considera solamente las 10 celebraciones anteriores, prescindiendo de las hazañas y legendarias historias que, entre 1930 y 1970, acompañaron a la Copa Jules Rimet.
Hasta el momento seis equipos han conseguido el derecho de festejar con la Copa Mundial FIFA en sus manos, se trata de Alemania, Argentina, Italia, Brasil, Francia y España. Y aunque pamperos, teutones, cariocas y bambinos han conseguido el título en dos ocasiones, ninguno de ellos logró refrendar su condición como monarca absoluto.

De hecho solamente dos conjuntos han logrado llegar a la última instancia para intentar retener lo conseguido. El Brasil de Romario y Bebeto conquistó la gloria en Estados Unidos 94, sin embargo la dupla Ronaldo-Bebeto no repitió la hazaña y cedieron su lugar al primer representativo multicultural de Francia.
Además está el caso peculiar de los gauchos, que junto con los bávaros, protagonizaron la que hasta ahora es la única final que se ha repetido en la historia moderna de los mundiales.

Argentina, que de la mano de Maradona tocó el cielo en el Estadio Azteca, se volvía a encontrar a Rudi Völler y compañía. Aquel partido celebrado en Roma fue demasiado intenso, tanto que se necesitó de un penal muy polémico para que se anotara el tanto que evitó que la Copa emprendiera el vuelo de regreso hacia América.
Por otro lado están los subcampeones, ese título maldito que implica ser una de las dos mejores escuadras, pero no la suprema. Sin embargo, son tres los conjuntos que, después de ver como celebraban los de enfrente, han mantenido un nivel lo suficientemente bueno para volver a llegar al séptimo partido. De hecho, dos de ellos ya han sido mencionados, Alemania y Brasil.

Los primeros fueron, en 1986, el último escalón con el que Maradona culminó su ascenso al Olimpo, pero en la edición de Italia destronaron a la albiceleste y de paso diluyeron el sueño del tricampeonato pampero. Asimismo, los amazónicos fueron comandados nuevamente por Ronaldo, ahora en tal plenitud que llevo a la verde amarela a conseguir en tierras asiáticas lo que cuatro años antes les había sido negado en la ciudad luz.
Sin embargo, no todos los regresos de los virreyes a la final han concluido con su llegada al trono, y para muestra está el caso de los holandeses, que a pesar del legendario estilo de juego que Rinus Michels les dio en 1974, su selección cayó en el último compromiso ante los anfitriones, situación que se repetiría cuatro años más tarde, cuando volvieron a ser derrotados por el país sede del que, hasta ahora, ha sido el último mundial celebrado en Sudamérica.

Si bien es cierto que lo bonito de este deporte es que da muchas sorpresas, también es verdad que los números y las estadísticas juegan, tanto así que está demostrado que ser campeón es un lastre que normalmente, más tarde que temprano, le cobra factura al conjunto que defiende su título.
“Pelusa” y “el Fenómeno” son dos grandes cracks latinoamericanos que después de haber saboreado las mieles del triunfo sufrieron la pena de la derrota, pero al menos lo hicieron con la cara en alto, plantándose de frente ante aquel que les arrebató la corona.

Por otra parte tenemos a otros dos grandes emblemas del fútbol europeo, Zidane y Cannavaro, quienes habiendo sido fundamentales en sus conquistas de 1998 y 2006 respectivamente, también se vieron impotentes cuando los barcos que capitaneaban se hundieron prematuramente en latitudes asiáticas y africanas. A la hora de refrendar su título, ninguno de los dos equipos fue la sombra de aquellos que habían deslumbrado en el ciclo inmediato anterior.
Azul, ¡vaya maldito color! Los bleus terminaron en la posición 28 de Corea-Japón 2002, mientras que la squadra azzurri, en la 26 de Sudáfrica 2010. Ambos se quedaron en la fase de grupos porque ni siquiera ganaron un solo encuentro. Mención aparte para los galos, que en poco más de 270 minutos no fueron capaces de que su afición gritara BUT! (¡GOL!), con lo que su delantera se rebajó al nivel de las de China y Arabia Saudita, conjuntos que tampoco marcaron en aquella justa.

El panorama para el campeón no lució mejor en las últimas dos competiciones, pues ninguno de los cuatro finalistas, Francia e Italia en 2006, así como Holanda y España en 2010, jugaron la final anterior.
Vale la pena resaltar que el último conjunto que repitió final fue el carioca, al llegar a esa instancia en tres ocasiones consecutivas, coronándose en 94, cayendo en 98, y finalmente su reivindicación llegó en 2002.

Como lo marca la historia, el subcampeón tiene más posibilidades de alzarse con la Copa que el propio monarca, por eso no hay que perder de vista a los tulipanes, finalistas del torneo pasado y herederos de una dinastía que ya sabe lo que es disputar el partido más importante del mundo en dos ediciones seguidas.
La furia roja tiene una misión difícil, pues los antecedentes no le favorecen, y si se añade que en nuestro continente aún impera la Doctrina Monroe, que enuncia “América para los americanos”,  el objetivo luce aún más complicado

Sin embargo hay que tomar en cuenta que esta generación de futbolistas ibéricos, con sus títulos a nivel selección, ha desafiado y vencido a su destino pesimista, obteniendo lo que ninguna potencia del viejo continente ha logrado jamás, el trébol Euro-Mundial-Euro.
En la madre patria están conscientes de la gran responsabilidad que ahora cargan, por eso estoy seguro de que en este nuevo arribo a tierras americanas, España intentará volver a cambiar la historia del mundo.

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