30 jul. 2009

"Por la Banda" (Extracto)

POR: ARIEL SOTO

Raúl Nazareno odiaba al entrenador de Tigres. De hecho, odiaba a toda la institución.
La Comisión de Arbitraje le había iniciado una investigación a partir del escándalo de la fecha seis. En palabras del técnico de Tigres:

- “Lo vi recibir dinero.”

Era mentira. Nunca había aceptado dinero de nadie, pero en lo que la investigación se llevaba a cabo dejó de pitar. Y así pasaron las semanas, cada una de veinticinco mil pesos. Multiplicado por doce jornadas perdidas sumaban dinero suficiente para que su hija hubiera tenido la atención médica adecuada y no esa deficiencia que había costado tantas lágrimas en su familia.
Aunque desde hacía años ya no quería a su esposa, para él fue a raíz de aquel escándalo de la jornada seis que todo se había venido abajo con ella: el divorcio, entregar la mitad de su sueldo, perder la casa que construyó durante años, su nueva vida en ese departamentito triste al que su hija no quería ir de visita. El desprecio al oír la voz de la pequeña:

- “Dice mamá que por tu culpa voy a cojear toda mi vida.”

Luego la actitud de arrastrado ante sus superiores de la Comisión Arbitral, soportar que le “regalaran” la oportunidad de pitar de nuevo después de verlo llorar de impotencia.

- “Cálmate Raúl, ten dignidad.”

Esa se la habían quitado. Por la calentura de un comentario, por el respaldo de la directiva de Tigres al comentario de un loco.
Por eso en el juego de ida de la semifinal entre Tigres y Atlas, no dudó en señalar cualquier cosa pitable en contra del los norteños. Foul uno, foul dos, tres, doce, amarilla a Ortega “el arquitecto”, tiro libre, mano dentro del área. Y aún así, los imbéciles del Atlas tenían que fallar el penal al minuto treinta. Le costó no mostrar su coraje. “Ayúdenme a ayudarlos.”
Pero había más tiempo. Foul quince, amarilla, tiro libre, falla Atlas, contragolpe, goool de Tigres, que fue anulado por uno de esos jalones de camiseta que a veces no ven los árbitros, y al fin lo que esperaba: delantero que reclama. De esas reclamaciones que a veces no le importan a los árbitros. Pero esta vez sí. Expulsado. Luego otra amarilla más y Atlas que ni así podía. Y sobre el final del juego segunda amarilla para Ortega, el cerebro de Tigres. Porque esas cosas no se le dicen a un padre.

- “Tu hija es una lisiada.”

Después de leer el reporte, la comisión suspendería a Ortega seis juegos por sus palabras, que por cierto nunca dijo, un juego al otro defensa, y dos juegos al técnico loco de Tigres por el puñetazo que todos vieron en TV.
Las estadísticas dirían que Raúl Nazareno terminó el juego de ida con un empate, un gol anulado, tres tigres expulsados, un diente despostillado y una extraña hinchazón en el pecho.
En el segundo juego de esa semifinal las estadísticas mejoraron cuando un defensa de Atlas metió un gol en un rebote con la rodilla. Tigres no podía construir jugadas, no sin Ortega. Nazareno seguía jugando a pesar de estar a ochocientos kilómetros de distancia. Sentía ese airecito entrar por la rotura de su diente al sonreír, y esa creciente hinchazón en el pecho. Al pitar su colega la eliminación de Tigres, Raúl Nazareno entendió que eso en su pecho era la dignidad reocupando su sitio.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Pueden publicar el cuento completo?

Gracias

relboy dijo...

http://xlabanda.blogspot.com/

relboy dijo...

En ese link está.