2 feb. 2012

No maten al futbol



Por: Marco Dávila / Editor

Por más que se diga lo contrario, el futbol no despierta más pasión entre sus aficionados que la que provocan otros deportes como el Rugby, la NFL, el béisbol, Cricket, Hockey o basquetbol de la NBA. Sin embargo en ningún estadio de estas disciplinas la pasión ha llegado a provocar estampidas humanas o actos violentos que provoquen tragedias como la de Port Said. Puede haber golpizas, como sucede en el Coliseo de Oakland o en las inmediaciones de la “Perrera Municipal” de los Cafés de Cleveland; pero muertos jamás.

El futbol, en cambio, tiene una lista de eventos trágicos que va de 1902, cuando 26 personas murieron al colapsarse una tribuna en el Estadio Ibrox de Glasgow, hasta la carnicería de ayer en el estadio de Port Said a las afueras del Cairo. Entre una y otra están la tragedia del Estadio Nacional de Lima en 1964 (320 muertos), la de 1984 en el Estadio Loujuniki de Moscú (340) y las de 1985 en el Estadio Heysel (32 fallecidos) y CU (12); la del Estadio Hillsborough de Sheffield en 1989 (94) y la de 1996 en el Mateo Flores de Guatemala (84), por mencionar sólo las más conocidas.


Si no es la pasión exacerbada, ¿a qué se debe entonces que este tipo de tragedias solamente sucedan en estadios de futbol? Tengo un par de hipótesis.

La primera tiene que ver con la difusión del futbol. Si sumamos las ligas de todos los países donde el futbol es el deporte más popular, tenemos algo así como 3,000 equipos profesionales. Eso quiere decir que cada semana se juegan cerca de 2,500 partidos alrededor del mundo, equivalentes a 120,000 cada año. 

Un alto porcentaje de esos partidos ocurren en estadios que no tienen la infraestructura y logística indispensables para garantizar la seguridad de los espectadores, lo cual aumenta la probabilidad de que en alguno de esos 120,000 cotejos ocurra una desgracia.

La segunda y más importante tiene que ver con el contexto. 

En un país donde prevalece el Estado de Derecho y los distintos grupos sociales están acostumbrados a resolver sus diferencias por la vía legal, es difícil que un estadio de futbol se convierta en campo de batalla. Por el contrario, en uno donde no hay respeto por la autoridad (si es que la hay) y las rencillas entre grupos de diferentes nacionalidades y/o religiones llevan años sin resolverse, o bien donde los sectores más desfavorecidos de la población se sienten ignorados por el resto de la sociedad, un estadio de futbol a medio llenar reúne las condiciones ideales para provocar una tormenta perfecta.

Lo que es un hecho irrefutable es que al futbol no se le puede culpar por las tragedias ocurridas en ningún estadio. 

En todo caso ha sido una víctima más, junto con las cientos de personas que han perdido la vida en las gradas, de algo que nunca se podrá erradicar: 
la estupidez humana.


3 comentarios:

Fan dijo...

Completamente de acuerdo con tus dos teorías/razones, sin embargo, lo más importante en mi opinión, ya no es la infraestructura y condiciones en la que se juega un partido, sino es, en cómo hacer conscientes a los aficionados de la gravedad de no saber controlarse durante un encuentro, los problemas políticos o económicos del país, se deben quedar fuera del estadio. Es como si cada vez que fueran al cine se agarraran a golpes unos contra otros por tener opiniones diferentes sobre la película. Se va al cine a disfrutar de una película, lo mismo debe suceder en un estadio, disfrutar el juego y saber perder! Saludos Editor

M. Damián. dijo...

"Lo de Port Said me recordó mucho a aquel partido de Zagreb en 1990 entre el Dinamo y el Estrella Roja, a cuyos jugadores evacuaron en helicóptero entre una reyerta que duró setenta minutos. La vieja Yugoslavia entraba en autocombustión y pronto quedaría atomizada. No fue culpa del fútbol. Como no lo es lo de ahora. Pasó en el fútbol, pero no por su culpa. No confundamos las consecuencias con las causas."

Alfredo Relaño.

pepe corvina dijo...

De acuerdo, el futbol también es una víctima en estos casos. Se le criminaliza porque una panda de energúmenos lo agarra como pretexto para desahogar sus frustraciones o para desquitarse con alguien por todos sus problemas de carácter social, laboral, económico, etc. Es muy triste, pero alguna vez leí por ahi que los gobiernos de varios países no saben, no pueden y/o no quieren resolver todos esos problemas, y entonces cuando la violencia estalla en un estadio, se criminaliza al aficionado y se le cargan las culpas de que la sociedad está mal debido a su impresentable comportamiento delincuencial. Egipto es un buen ejemplo de lo anterior; con la cantidad y la gravedad de los problemas que tienen, algo como esto tenía que pasar. Veamos como en países civilizados y con estabilidad, estas cosas no ocurren. Y a ver si en México no nos arrepentimos de haber retirado las alambradas