23 abr. 2009

Basquetbolista perdido



Autor: Diego Zanassi


Cuando tenía 5 ó 6 años un tío me vio pateando una pelota de fut y le dijo a mi mamá “ese niño va a ser futbolista, tiene un cañón”. El resultado fue lo obvio, meterme a clases de fut, de las cuales me iba llorando porque no entendía el significado de “cascarear” y a las que después de 2 dejé de ir. Eventualmente opté por el basket y fui un jugador mediocre, pero un fanático feliz toda la vida.

Sé algo de fut, juego pésimo pero me divierte. Le voy a las Chivas porque odio al América (sin muchos fundamentos) y no tengo idea quién juega ahí. Fui una vez a una final donde jugó el Necaxa y me aburrí y le voy a River Plate porque tengo familiares en Argentina que son fans. Tengo algunas jerseys de México, Brasil, Argentina y mi favorita, la de Rio Ferdinand de la selección inglesa. Pero tengo una colección tremenda de basket con mi favorita una blanca de Larry Bird original que nunca uso porque se ve de rapero, y aunque las de fut se ven mejor, no me enorgullece tanto ponérmelas.

Soy ese freak que habla de basket colegial, de lo que me emociona hacer el bracket del March Madness y de algún jugador perdido que está jugando cabrón en West Virginia, pero no les puedo decir la alineación titular de nuestra selección. No sigo el futbol a menos que sea el mundial y la verdad no estoy nada motivado para verlo el próximo año. Pero soy mexicano y quiera o no, hay algo de futbol que vive dentro de mí, el problema es que no me ha tratado tan bien como el basket.

El basket me ha dado altibajos toda la vida, tener a un equipo en la cima 3 años, ver cómo se derrumba por completo y poco a poco ver cómo vuelve a tomar fuerza. El futbol mexicano nunca me ha dado eso. Cada año lo veo peor, cada año me da más pena y cada año me da más miedo ver el juego contra Estados Unidos. Se retiró Jordan, ahora tenemos a Kobe y Lebron. El Shaq está en sus últimas, ahí está Dwight Howard. Adiós Stockton y Malone, hola Deron Williams y Carlos Boozer. El basket ha sabido compensar sus pérdidas, el futbol mexicano no. Adiós capitán Rafa Márquez, hola Rafa Márquez karateca ardido olvidándose por completo del equipo. Adiós Chava Carmona (ejemplazo a seguir), hola El Maza. Adiós Luís Hernández, Beto Aspe y todo jugador bueno que hemos tenido, hola extranjeros naturalizados. Adiós “nos vamos al mundial”, hola “tengo familia española lejana y creo que le voy a ir a España en Sudáfrica”.

¿Dónde quedó el corazón y entrega que veo todos los años en el Final Four? ¿Por qué nuestra selección y jugadores no pueden mostrar esa pasión que a basquetbolistas de 20 años les sobra? ¿Dónde quedaron nuestros líderes? ¿Dónde está nuestro Kevin Garnett, nuestro Steve Nash y más importante aún, dónde está nuestro Phil Jackson? Hasta que esto no mejore yo seguiré en mi basket, gritando un gol casi tan fuerte como el tiro con 0.4 segundos de Derek Fisher. Porque odio perder y odio en lo que se está convirtiendo nuestro futbol.

Pero eso sí, en caso de que califiquemos al mundial, ahí estaré con mis boxers de North Carolina, mis tenis de los Lakers y mi jersey blanca de México.


Dato curioso.
Cuando logramos que se escogiera el equipo en primaria, se repartieron los uniformes y los números. Yo quería el 33 por Larry Bird pero uno de los grandes me lo ganó en un volado, así que escogí el 10 por Tim Hardaway. Sin embargo, cuando me preguntaban por qué ese número, después de decir que por Hardaway, decía que también era el de Pelé y el de Maradona, y la verdad era de los mejores jugadores del equipo en ese entonces. Eventualmente en secundaria tuve que cambiarlo por el 15 (Sprewell), y desde entonces mi juego nunca volvió a ser el mismo.

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