4 jul 2014

Amarte, duele


Por: Emmanuel Villanueva Hau

"Jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay."
- Johan Cruyff (entrenador holandés)


El fútbol es mi amor imposible. Me da tanto pero me quita más, es una relación del tipo donde te enamoras de tu captor. Así es, sin más preámbulos, el fútbol me tiene secuestrado. ¡Oh, dulce síndrome de Estocolmo!

Mi masoquismo me hizo amarlo hasta la piel, aunque esta se raspaba por los múltiples accidentes que tuve al pisar un balón al momento de intentar realizar un movimiento que ni siquiera es digno de llamarse gambeta. Si bailar con mi novia me da un trabajo titánico, bailar con el balón me cuesta hasta poder expresarlo de lo mal que lo hacía en estas breves letras.

En mis tardes de la infancia, jugar las cascaritas era un duro golpe a mi autoestima, siempre era elegido último. La cosa no cambia hasta la prepa, donde era elegido de primero nada mas cuando algún mejor amigo era capitán de la reta en cuestión. Elegirme sí que era una prueba muy grande de amistad.

Y en el combinado juvenil escolar, yo era inexistente. Jugaba por sólo haber pagado el uniforme, cuando no se completaba el equipo o en algún caso de extremada urgencia. Ah, pero eso sí, cuando nuestro aficionado y desorbitado entrenador amateur necesitaba inspirar a los que él dirigía por sólo mero trabajo, y no por algo llamado orgullo, me utilizaba como ejemplo para motivar a sus muchachos a no ser un jugador como yo. Según él que porque no me tomaba en serio el juego más hermoso del mundo. ¡Ah, que equivocado estabas, mi estimado Rich!

Todas las tardes, con unos Total 90 desgastados y comprados a meses sin intereses en una tienda departamental, practicaba tiros en mi piscina vacía. Así es, por un breve momento y en mi imaginario, mi piscina era la cancha del Maracaná, lugar que nunca pisare como jugador por pasar la mayoría de mi infancia frente a un Super Nintendo (cosa que no me arrepiento del todo). Tan sólo recordar esas tardes de preparatoriano con mi balón en la piscina, me enchina la piel.

Como hincha he fallado de la misma manera. Yo apoyo al equipo de la Universidad Nacional de México. Equipo que me ha dado alegrías tras alegrías y que me engalana con sus hermosos colores. Siempre pendiente de ellos. Sueño con Hugo, Cavinho, Campos y los hermanos Pikolin. Los héroes que me han llevado al Olimpo de la liga mexicana. Si tanto amo a mi equipo, ¿en dónde está mi falla? Cuando un jugador hace lo que yo nunca pude hacer con un balón, comienzo a admirarlo, sin importarme los colores. Jugadores como Cuauhtémoc Blanco, Oribe Peralta, Lucas Lobos, Miguel Calero, Rafa Márquez, Ricardo Peláez y un sinfín más.

El fútbol sí que me trata mal. El primer mundial que recuerdo es el de Francia 98, a pesar de tener tan sólo 7 años. Fue la primera final de Copa del Mundo que vi en mi vida, y también…duele decirlo porque la herida está muy reciente… fue la primera vez que vi a México ser eliminado de los octavos. Por primera vez comprendí porque es tan ansiado el famoso quinto partido. Fue el primer mundial donde viví el doloroso “ya mérito”. 16 años de mi vida y 5 mundiales. Me encanta el masoquismo.

Pero nada de eso importa cuando el fútbol te mueve las emociones.  Nadie me puede decir lo lindo que es abrazar a un extraño lleno de felicidad por un gol mundialista, nadie me puede quitar la dicha de sentir los colores de una institución de mucha historia en el fútbol de México. Cantar el himno deportivo de mi club fue lo más hermoso que la vida me ha dado, aunque tuve que viajar muchos kilómetros para llegar a la casa de los Pumas, el equipo de mis amores. Nadie puede decirme que no sé de felicidad de meter un gol, si celebré como todo un dios cuando metí mi primer gol en una liga de fútbol rápido, aunque esté haya sido de rebote con mi rodilla.

Todos los días sueño con ser un jugador de fútbol pero, al igual que el maestro uruguayo Eduardo Galeano, únicamente juego bien, inclusive hasta muy bien, pero sólo cuando duermo. No importa cuantas patadas le dé al piso en vez de al balón, nada de eso importa. Nací amando al fútbol y moriré haciéndolo. Aunque pierda una pierna por ello. Por cierto, soy zurdo igual que Maradona. Y no me importa perder un pie, siempre me quedará ser portero.


Y así no me tomo en serio al fútbol. Imagínense si lo hiciera.

30 jun 2014

Con quién festejar, con quién sufrir




 
Por: Emiliano La Pointe Pineda
Estados Unidos 94 fue el primer mundial que viví a plenitud, tenía 12 años y estaba a punto de salir de la primaria. Durante esa edición de la Copa del Mundo también pude ver al que, hasta la fecha, considero como el mejor representativo azteca en dicho torneo.
Después de lo hecho en la Copa América del 93 y de que en el país vecino se había logrado calificar en primer lugar del llamado “grupo de la muerte” mis expectativas se dispararon por los cielos, sólo para caer de una manera estrepitosa tras el maldito episodio de los penales contra Bulgaria.
Un año después México competía en la Copa América 95 y también se fracasó en la primera ronda de eliminación directa. Pero lo realmente doloroso fue que sucedió otra vez desde los 11 pasos, esta vez ante el conjunto norteamericano.
Para ese entonces estaba en la secu y ya tenía bastantes problemas con mis hormonas y sentimientos como para seguir aguantando una relación que, en muy poco tiempo, me había destrozado el corazón sin piedad alguna en dos ocasiones. Ahí comenzó el desenamoramiento.
Tiempo después tuve la chance de seguir por televisión mi primera Eurocopa, Inglaterra 96, donde la escuadra teutona, que había comenzado a seguir desde la gran anotación de Klinsmann ante Corea del Sur en el 94, se alzaría con el título gracias a un gol de oro de Oliver Bierhoff.
A partir de ese torneo empezó mi idilio con Alemania y justamente en la siguiente Copa del Mundo, sería el mismo Bierhoff quien vengaría con un certero cabezazo los desaires con los que la escuadra mexicana me había hecho sufrir años atrás.
El fútbol es un juego, y aunque a veces alcance el nivel de arte no deja de ser “lo más importante de lo menos importante” como dice el periodista Javier Solórzano. Por eso me opongo rotundamente a las corrientes patrioteras que suelen confundir la apatía por el combinado azteca con actos de traición al país.
La inmensa mayoría de nosotros hemos elegido por voluntad propia a los clubes que apoyamos temporada tras temporada, y a pesar de la influencia de factores como el entorno familiar, y las buenas o malas rachas de los conjuntos, al final la pasión es la que dicta a quién se le entrega el corazón de manera incondicional. Esa misma premisa la extiendo a nivel selecciones, y me decidí por Alemania.
Un amigo muy cercano, casi mi hermano, me dijo que mi apoyo a los bávaros era una apuesta segura, pero no hay nada más errado que eso. Desde la conquista de la última Euro del siglo XX, la selección mayor de Alemania no ha vuelto a alzarse como campeona de algún certamen.
Al igual que muchos compatriotas, he llorado la derrota de mi selección. Considerando los mundiales y las Eurocopas que se han disputado entre 1998 y 2012, he visto al conjunto de mis amores caer en finales, semis y cuartos, e incluso ya he probado la maldita impotencia de no superar la fase de grupos. Luego, haber abandonado a los aztecas por los teutones no me ha garantizado en lo absoluto más títulos, pero en cambio sí me ha tocado sufrir varias veces por las derrotas.
Mi corazón no está ni estará más con México, y a pesar de la animadversión que tengo por el producto “selección nacional”, he de confesar que cada cuatro años tengo el sueño guajiro de que TODOS en la Femexfut empezarán a hacer las cosas bien, desde la directiva y hasta la afición.
Me daría mucho gusto ver un día a un equipo constante, que no esté conforme con cubrir su pinche cuota de tres partidos y medio buenos en un mundial, que deje de “hacer sándwich” y sea capaz de demostrar un estilo definido, personalidad y entrega en cada momento que salga a la cancha, sin importar lo que se esté juegando o a quien tenga enfrente.
Mi identidad mundialista está definida, sin embargo mantengo la esperanza de que algún día se aproveche el potencial del que se dispone, redoblando esfuerzos en la profesionalización y disminuyendo la vil comercialización.
Sólo hasta entonces la afición de la verde podrá tener un representativo digno, diferente al que desde hace 24 años no ha sido más que un invitado seguro al mundial, que siempre se convierte en rival incómodo para los grandes pero que jamás ha trascendido más allá de los octavos de final.

20 jun 2014

Keep Calm... se trata del Tri


Por: Marco Dávila

De entre todos los países miembros de FIFA ninguno tiene una afición tan bipolar como la de México. Las puede haber más ruidosas y casi igual de ingeniosas (ahí nadie nos gana), pero no hay otra con una relación de amor/odio tan intensa con su selección de futbol como la que los mexicanos tenemos con el Tri. O tan intermitente, pues durante un partido de la selección pasamos del GANAMOS al PERDIERON y del SOMOS LOS MÁS CHINGONES al SON UNA BOLA DE PENDEJOS en menos de lo que duran un par de cervezas. 

Nos cuesta ser mesurados, y este espacio no ha sido la excepción.

En mayo publicamos varios posteos donde asegurábamos que el de Brasil sería el peor Mundial en la historia de la selección, y que Miguel Herrera estaría de regreso en el América antes de que terminara Julio. Un mes y medio más tarde hemos tenido que pedir disculpas, cerrar la boca, y soportar una metralla de mentadas de madre por parte de muchos aficionados que, al igual que nosotros, vaticinaban un Iceberg. Allá ellos.

El punto es que esta selección resultó ser bastante mejor de lo que pensábamos. 

Pero no tanto, eso sí, como para que algunos periodistas y un número cada vez mayor de aficionados la coloquen como la mejor que se haya visto en una Copa del Mundo. Basta comparar la paupérrima cuota goleadora de este Tri- un tanto en dos partidos, con la que los representativos mexicanos de los últimos seis Mundiales consiguieron al cabo del mismo número de juegos (86-3/94-2/98-5/02-3/06-3/10-3) para darse cuenta cuán lejos se encuentra de ello.

Con esto no quiero decir que la selección del “Piojo” no sea capaz de hacer historia. Tendría, eso sí, que vencer a los croatas y ya en octavos despachar a los holandeses o chilenos para convertirse en el primer Tricolor en alcanzar el tan anhelado quinto partido fuera de México. Pero se ve difícil, por no decir imposible, pues no olvidemos que el mejor jugador de este Tri ha sido Ochoca, su arquero, y que fuera de ahí no trae nada… ¿O sí? Márquez, Vázquez y Guardado andan hechos unos cracks, y donde el “Hermoso” y Giovanni se conecten con ellos, ¡a temblar potencias del mundo futbolístico!
  
Mierda, ya no sé hacia qué lado oscila mi estado de ánimo. ¿Pesimismo catastrófico u optimismo desbordado? Mexicano al fin y al cabo. Bipolar por siempre.

16 jun 2014

La desventaja de enfrentar a México

Por: Emiliano La Pointe Pineda
En los últimos meses el funcionamiento de la verde ha sido tan espantoso que en las conferencias de prensa del rival en turno se escuchan frases como “pasan por una mala racha, pero siguen siendo de cuidado”. Este tipo de declaraciones no son un producto de la diplomacia del balón y más vale tomarlas en serio, sobre todo durante una Copa del Mundo.

El conjunto mexicano es impredecible, su calidad de juego suele variar dependiendo del equipo que tengan enfrente, pasando del ridículo a rozar lo sublime y viceversa. Ejemplos sobran, como cuando los dirigidos por Lapuente fueron goleados por Noruega en un partido de preparación, pero ya en Francia se enfrentaron de tú a tú a la Holanda de Bergkamp y también hicieron sufrir a la Alemania de Bierhoff.
Lo mismo en 2006, cuando fueron incapaces de siquiera anotarle a una débil Angola y sin embargo, en octavos de final, desgastaron de sobremanera a la Argentina de Riquelme.

A pesar de dicha inconsistencia los aztecas forman parte, junto con cariocas y teutones, del triunvirato que ha sorteado la fase de grupos en todas las ediciones celebradas desde Estados Unidos 94.

Tras una breve recapitulación se puede mencionar casos como el de Inglaterra, que ni siquiera asistió a la justa celebrada en la tierra que alguna vez colonizaron; España fue un fracaso total en la última edición del siglo XX; Argentina y Francia no cumplieron las expectativas en Asia, ya ni hablar de Holanda, pues no calificó a ese certamen; y el recuento se cierra con una Italia caduca que decepcionó en 2010.
Este antecedente representa la primera gran desventaja de compartir grupo con México, pues en teoría los tres conjuntos restantes deberían preocuparse por disputar el segundo boleto a la ronda de eliminación directa.

Por eso, al menos en el papel, el panorama no luce alentador para Camerún y Croacia ya que el destino les impuso otro factor desfavorable. La cabeza de serie con la que compiten estos dos equipos es el anfitrión y, de acuerdo a los registros, las selecciones del país sede han avanzado en nueve de las ultimas 10 ediciones, siendo Sudáfrica el único en no lograrlo.
Sin embargo, y a pesar de su condición como local, Brasil tampoco puede estar feliz de enfrentarse al tricolor en la primera ronda pues, al menos desde 1974, México jamás se ha enfrentado dentro del Mundial con la escuadra que terminará adjudicándose la Copa.

En cambio los nuestros sí han tenido varios compromisos, sobre todo en la fase de grupos, con quienes a la postre culminan en el cuarto lugar de la competición. En el 86 los nacionales se impusieron 2-1 a Bélgica; el milagroso empate a dos con Holanda en Saint-Étienne perdura en la memoria colectiva; Omar Bravo falló un penal en la derrota ante Portugal; y se cayó de forma displicente ante la garra charrúa de Forlán.
Además, los malditos penales errados por García Aspe, Bernal y Rodríguez en octavos de final le abrieron el camino a Bulgaria, que siguió avanzando hasta llegar al séptimo partido que pocos valoran, pues no hay trofeo alguno en juego, sino más bien, lo que se disputa es la consolación.

En ese mismo año el tricolor compartió grupo con Italia, que a diferencia de todos los anteriores sí ganó su compromiso semifinal. No obstante, ya en la última instancia el disparo de Roberto Baggio sobre la portería de Taffarel confirmó la tendencia de que el vencedor absoluto no se enfrenta, en ninguna ronda, a los nuestros.
Puede que no se tenga un estilo bien definido, jugadores de renombre o un preciso juego de conjunto, sin embrago eso no impide que México sea un rival atípico, incómodo, sorpresivo, y sobre todo, uno de los equipos que los cariocas habrían preferido evitar durante todo el tiempo que dure su fiesta.